"Nació para cubrir una necesidad básica, la alfabetización de adultos"

Un afortunado 17 de octubre nació en Castuera la misma Universidad Popular que ahora cumple 25 años de existencia; un cuarto de siglo al servicio de todos los castueranos.

Algunos de los primeros alumnos de la UP. / IMAGEN CEDIDA
LA CLAVE, LA ADAPTACIÓN

Era 1987 cuando Francisco Martos Ortiz, entonces concejal de cultura, ahora presidente de AUPEX (Asociación de Universidades Populares de Extremadura), pidió un crédito personal para poder pagar los primeros ordenadores con los que tanto trabajaron y crearon en el Hotel Juba, lugar donde se ubicaba inicialmente la U. P. Aunque Martos asegura que no era algo "arriesgado", denota la plena confianza que tenía en el éxito del proyecto. No se equivocaba.

"Todo empezó con 0 pesetas, pero con trabajo y esfuerzo", asegura Martos, cuando ya existían entonces 8 universidades populares en Extremadura, y poco a poco fueron construyendo una institución que, a día de hoy, sigue siendo un referente a nivel nacional. La Universidad Popular de Castuera surgió con motivo de la escasez de centros de enseñanza "para cubrir una necesidad básica: la alfabetización en personas adultas", y respondió como una potente herramienta de cultura y aprendizaje a lo largo de la vida.

Además de la alfabetización, había otras necesidades entonces, como la formación ocupacional y la conversión del diálogo en la herramienta principal de las relaciones sociales. A través de múltiples cursos y talleres, la Universidad Popular empezó a ser la solución para estos problemas de la ciudadanía, y se convirtió en la firme defensora de que "el aprendizaje no tiene fecha de caducidad".

Los primeros años fueron la época dorada de la entidad. "Había grandes inversiones desde la Unión Europea" al estar inscrita la Universidad Popular en el FEU, informa Martos, y tuvieron acceso a numerosos y enriquecedores programas de formación cultural, incluyendo intercambios, aunque terminaron por el cambio de la política de financiación en la UE. Pero si algo caracterizaba a la institución, es que podían conseguir fondos de diversas fuentes, a través de subvenciones y ayudas que con tesón pedían para no bajar el alto ritmo que habían impuesto.

Hoy, 25 años después, Martos puede echar la vista atrás y afirmar que fue algo "muy bonito" y que siempre contaron con la respuesta de la gente, aunque él nunca haya dejado de estar presente en la institución, ya que durante 12 años fue concejal de cultura y durante otros 12 años alcalde de la localidad.

Aunque antes "trabajábamos por hacer y ahora por que no nos quiten", ahora priman otros objetivos a los que responde a diario la U.P. con la misma ilusión. El primero es hacer que el ciudadano tenga "contacto permanente con el aprendizaje"; el segundo, ampliar la oferta educativa y "hacer que los adultos pierdan el miedo a recibir formación"; el tercero, que las personas aprendan con autonomía, en parte, gracias a las nuevas tecnologías.

"Aprender a usar las tecnologías para poder usarlas para aprender", sentencia Martos.

La adaptación es la clave

María Caballero Guisado lleva trabajando en la Universidad Popular desde noviembre de 1989 y afirma que nunca ha perdido la ilusión, "aunque las ilusiones cambien". Cada día se marca nuevos retos y metas para trabajar con distintos colectivos y distintos programas. "Me ilusiona poder cubrir necesidades diferentes", asegura.

Aunque a veces su trabajo pueda parecer repetitivo, "nunca se hacen las mismas cosas dos días seguidos", porque siempre hay lugar para inventar e innovar, sin límites, ya que "siempre hay algo que aprender y lo hacemos continuamente".

María es un ejemplo de participante que, empezando por un curso de formación ocupacional, dedicó su tiempo como voluntaria a la U.P. y, poco más tarde, se le presentó la ocasión para trabajar allí. En la actualidad es coordinadora de formación, pero en la práctica hace de todo. "Desde venta de entradas hasta animación y talleres", una variedad de labores que hacen que no exista la rutina en su trabajo, aunque a veces "desearía poder participar como alumna de nuevo".

Caballero afirma que de la turbia época económica que azota al país nace un nuevo objetivo: "el reconocimiento de ese otro tipo de aprendizaje", ya que las inversiones en estas actividades se han visto drásticamente reducidas. Pero "no hay miedo a la falta de dinero", ya que con trabajo e ingenio todo se consigue.

Un cuarto de siglo al servicio de la cultura, de la educación y, sobre todo, del ciudadano. Como afirma María Caballero, la Universidad Popular de Castuera "es la casa de todos, no se ciñe a sus cuatro paredes y, aunque no tengamos la solución a todos los problemas, podemos buscarla juntos".