La 'Cuadrilla del Korea', la mejor pagada de Castuera

Amigos, familiares y parroquianos del Bar Korea vendimian por amistad y camaradería

15º AÑO

A las siete de la mañana del domingo día 30, quince vendimiadores se reunían en el pequeño y mítico Bar Korea para, sin pesares, tomar un café acompañado de una ineludible copa de aguardiente con que calentar los huesos. Con monos de trabajo algunos y con la tradicional pana o vaqueros y camisa otros, dispuestos de navajas y tijeras según qué manos, se preparaba una jornada de trabajo para ayudar a Gabriel, dueño del bar que casi a diario visitan, a vendimiar su viña.

A las ocho, la que probablemente fuera la mayor cuadrilla de Castuera tomaba el Camino de Sevilla con dirección a la viña para comenzar a trabajar por decimoquinto año consecutivo. Así, amigos y familiares, desde los 30 hasta los 70 años, hechos los avíos pertinentes comenzaban la faena.

Tras dos días de ininterrumpida lluvia, la tierra se tornaba barro, casi hostil, a cada paso que los vendimiadores daban con sus botas 'Catiuscas', pero la sonrisa y la buena y alegre charla estaba en cada uno de ellos. "Es ya una tradición, y lo seguimos haciendo por la gran amistad que tenemos con Gabriel", aseguraban. "De buena gana", las espuertas iban y venían de la vid al remolque del tractor, el cual necesitaba de algún que otro empujón cuando el barro le impedía avanzar, hasta las 13 del mediodía, hora en que el último gajo fue cortado.

"Aunque mis clientes no están en muy buena forma física, no están mal para su edad", afirmaba, entre risas, Gabriel. "Por suerte, la jornada de trabajo es corta" y sus "voluntarios" pudieron ver la recompensa al esfuerzo en forma de almuerzo, con tortilla, queso, jamón, vino y cerveza para refrescar y recuperar energías.

La otra recompensa, la que no se ve ni se palpa, es la gratitud y la amistad que Gabriel brinda a sus clientes y que hace que, días tras día y año tras año, el Bar Korea siga siendo la parroquia de tanta buena gente.

En aras de "rejuvenecer la plantilla" el año que viene, este periodista ha sido invitado a cambiar el bolígrafo por la navaja, cosa que hará con honra y de buen grado, si las circunstancias lo permiten, para formar parte de tan maravillosa cuadrilla.