De Castuera a Nepal para construir un hogar para niños abandonados

La opulencia de occidente y las ganas de cumplir un sueño han llevado a Ángel Asencio a crear un hogar para niños abandonados en Nepal

Ángel Asencio, en la Casa Hogar Karuna-Baawan (casa de compasión) con niños enfermos de SIDA.
SOLIDARIDAD

De Burgos a Castuera y de Castuera a Nepal. La historia que empezase como una oportunidad frustrada de convertirse en distribuidor de queso de una quesera castuerana se ha convertido en toda una aventura, una aventura de esas que sirven de ejemplo y hacen pensar y, a veces, con suerte, ayudan a despertar del cómodo ensueño que nos aleja de la más dura realidad.

Ángel Asencio fundó junto a otros compañeros hace más de 7 años una organización llamada 'Caballeros de Cristo Rey', con la que pretendían ayudar a miles de jóvenes nepalíes desde España, pero "la opulencia de Occidente" hizo que sus objetivos fracasaran y ahora sólo quedan dos caballeros: el ya nombrado y Andrés Gran García, afincado en Estados Unidos.

Casi con lo puesto y tras recibir una pequeña herencia por la defunción de su madre, Ángel decidió viajar junto a Andrés - quien pidió una excedencia en su trabajo de profesor en EEUU - hasta Nepal respondiendo a la llamada del Obispo Mr. Anthony Sharma, el cual solicitaba misioneros para hacer resurgir la fe cristiana en el país.

Siendo acogidos en la Vicaria Apostólica durante todo un mes, los caballeros se plantearon llevar a cabo su objetivo de ayudar a los jóvenes abandonados y comenzaron así su sueño de crear un hogar de acogida y una escuela para los desamparados.

Al poco tiempo, Andrés tuvo que regresar por responsabilidades familiares y problemas económicos y se reincorporó en su puesto de profesor en España, dejando solo a Ángel.

Sin amedrentarse lo más mínimo, Asencio eligió un lugar entre Nandocha y Kama, junto a la frontera de Tíbet, y tomó la decisión de seguir adelante.

Habiéndose negado a recibir cualquier tipo de financiación o ayuda económica de las distintas fundaciones benéficas que trabajan en Nepal, una serie de contratiempos mermaron la cartera de Ángel. Atracos, sobornos, múltiples viajes a Kathmandú y Kama, dos asaltos derivados de la guerrilla maoísta que azota el lugar y la necesidad de ser hospitalizado y tratado tras contraer disentería - por la que habría muerto sde no tener dinero, según afirma -.

Por otra parte, Ángel ya tiene en calidad de arrendamiento un edificio de tres plantas donde comenzar a construir el hogar y mantiene apadrinados a múltiples niños, además de otros gastos como el pago mensual de un visado.

Lamentando no disponer de los medios de que disponen algunas ONGs y de que con cada euro gastado "un niño podría comer dos días", el caballero busca la forma de obtener fondos y poder continuar con su lucha.

Cómo ayudar

Viviendo en una pequeña habitación sin cocina, pues "los muebles son un lujo", sin televisión o frigorífico, con un baño común y sin otra pretensión que la de poder seguir ayudando, Ángel vende collares, pulseras y bisutería, de fabricación artesanal, por encargo para mantener su economía y continuar con el proyecto. En su página de Facebook, 'Ángel Asencio Castillo', se puede ver una muestra de los productos y, por supuesto, conocer un poco más sobre su trabajo y sobre los niños nepalíes a quienes cuida y apadrina en múltiples fotos y relatos que tiene a bien compartir casi a diario.

Además, ha facilitado a Hoy Castuera un número de cuenta para que todo el que quiera pueda contribuir con tan hermoso proyecto: 2100 1420 78 0100551413, de La Caixa.

Firme en su propósito de, "además de evangelizarlos", aclara, conseguir una vida mejor para los jóvenes nepalíes, Ángel Asencio continúa en su lucha por una meta, disfrutando con cada paso conseguido, con cada sonrisa cosechada, con cada problema resuelto y, sobre todo, sin pedir nada más a cambio, pues eso ya "sería demasiado".